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domingo, 29 de julio de 2012

Una cumbre mundial sin América Latina

Por: Florence Thomas 

Londres es hoy capital de los Juegos Olímpicos. Es lo que todo el mundo sabe en este mes de julio. Lo que poca gente sabe es que a propósito del Día Mundial de la Población (11 de julio), la Fundación Bill y Melinda Gates, con el Fondo de Población de las Naciones Unidas (UNFPA) y otros asociados, organizó una cumbre internacional sin precedentes sobre planificación familiar, que sigue siendo uno de los programas más eficientes en el mundo para la reducción de pobreza y fortalecimiento de las comunidades, cuando se sabe hoy que reducir el número de hijos por familia permite aumentar el nivel educativo de estos y, consecuentemente, acrecentar su bienestar. Los anticonceptivos siguen siendo una de las mejores inversiones que un país puede hacer en su futuro. Sin embargo, seguimos teniendo la cifra espeluznante de 200 millones de mujeres en el mundo que no utilizan anticoncepción, bien sea por pobreza, bien sea por falta de educación; mujeres que, al mismo tiempo, expresan que no quieren tener más hijos en los dos años siguientes al parto que acaban de tener. El viejo sueño de que cada mujer pueda elegir cuándo tener hijos y cuántos hijos quiere tener sigue estando en el orden del día. Incluso, añadiría -por supuesto, no sé si se discutió ese tema en Londres- que el viejo sueño es también hoy día reconocer la legitimidad de decidir no tener hijos en un mundo que no logra alimentar a todos. Lo que sorprende es que América Latina fue totalmente marginada de esta cumbre. La invitación era solo para Asia y África. Con excepción de Colombia, que logró asistir y expresarse gracias a la presencia de Profamilia, ningún país de América Latina estuvo presente. Y cuando uno se pregunta el porqué de esta marginación, incluso de Colombia, la respuesta es que el nuestro es hoy día un país de renta media alta (significa un promedio de 9.000 dólares anuales per cápita, que nos ubica en el rango 109 de 226 países). Mejor dicho, ya hacemos parte de los países medianamente ricos y, sin embargo, según el Banco Mundial, Colombia es el país más desigual en el grupo de las economías emergentes y tiene el segundo nivel de desigualdad más alto en América Latina y el Caribe, después de Bolivia. Es en este sentido en el que los promedios expresados numéricamente, tal vez útiles para comparaciones globales entre países, son datos perversos, pues ocultan otras realidades. Por ejemplo, el promedio nacional de adolescentes embarazadas es de 19,5 por ciento, pero en la Orinoquia y la Amazonia asciende a 28,1 por ciento; y entre el 2005 y el 2010, tal promedio en el departamento de La Guajira pasó de 15,4 a 25,8 por ciento.

No es casualidad que el mayor número de adolescentes que ya son madres vivan en las zonas con los menores niveles de escolaridad y con los índices más altos de pobreza, y uno se podría preguntar por qué se perdió la vigencia de este tema, relativo a la anticoncepción, y por qué un país atravesado por un conflicto armado, que vulnera todos los derechos de las mujeres y muy particularmente los derechos sexuales y reproductivos, no hace parte de las preocupaciones de una cumbre mundial sobre la anticoncepción y la planificación familiar. Conociendo la lista de donantes que asistieron a esta cumbre mundial, una lista inmensa de gobiernos, organismos y agencias internacionales, grandes empresas multinacionales y laboratorios farmacéuticos, entre otros, nos parece sumamente preocupante que Colombia no haya sido un país invitado oficialmente y que sea solo gracias a Profamilia como podremos saber y conocer algunas de las conclusiones de tal cumbre.

* Coordinadora del grupo Mujer y Sociedad


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