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miércoles, 5 de septiembre de 2012

Las mujeres indígenas seguimos pariendo


Por: Consejería de Mujer, Familia y Generación, ONIC

Todas somos Bartolina, su nombre simboliza el de miles de mujeres indígenas de la Madre Tierra, de Nuestra América, de Colombia; todas desde nuestros distintos quehaceres luchando, en ocasiones sin darnos cuenta, por nuestros derechos; todas pariendo procesos, reivindicaciones, esfuerzos, hijos, hijas; todas transmisoras de nuestra cultura, garantes de nuestra pervivencia.

Hoy 5 de septiembre, conmemoración del Día Internacional de la Mujer Indígena, resulta importante resignificar el discurso para mostrar realidades que, sin lugar a dudas, validan nuestras consuetudinarias exigencias por la salvaguarda de nuestros derechos, los cuales han sido y aún hoy siguen siendo vulnerados de forma reiterada y con variadas expresiones, que nos victimizan y nos sitúan en grave riesgo no solo a nosotras como sujeto colectivo mujer, sino a Pueblos Indígenas enteros, vistos integralmente.

El conflicto armado, el accionar de los actores armados legales e ilegales, el despojo, la globalización financiera y de las transnacionales, los megaproyectos, las múltiples formas violencias y otros muchos factores han materializado para los Pueblos Indígenas riesgos específicos que se muestran con crudeza en los cuerpos, mentes y espíritus de las mujeres indígenas, ¿Cómo no alzar nuestras voces ante la injusticia, la impunidad y la discriminación? ¿Cómo no reaccionar ante las distintas formas de violencias que nos aquejan? ¿Cómo no seguir movilizándonos desde distintos escenarios para visibilizar nuestra situación y con ello generar estrategias de prevención y protección para nosotras y con ello para nuestros pueblos?

Indicativos son los datos que en materia de desplazamiento forzado se muestran a 2009; para dicha anualidad se cuentan en total 37.986 mujeres indígenas en situación de desplazamiento; cifra que no tiene en cuenta el subregistro que, por aspectos de diversa índole (que van desde la no realización de la declaración del hecho, hasta la carencia de un enfoque diferencial al recepcionar la declaración), impiden consolidar y a la postre mostrar el total de casos existentes: La cifra a 2012 es mucho más elevada, guardando relación directa con los niveles de invisibilidad.

A este panorama se adicionan, los casos de feminicidios, al menos uno por mes en lo va del año; siendo el más reciente el ocurrido en el Municipio de Pueblo Bello en donde la  víctima fue una niña perteneciente a la etnia Arhuaca, su cuerpo sin vida fue encontrado con señales claras de violencia sexual. El panorama de esta última forma de violencia en contra de las mujeres indígenas desafortunadamente es incierto, carente de cifras exactas que permitan evidenciar la situación y con ello atado a altos niveles de impunidad, que fortalecen las dificultades para acceder efectiva y diferencialmente a la justicia.
  
Los daños de estas y otras formas de violencias en contra de las mujeres indígenas son de valoración compleja, las afectaciones individuales y colectivas adquieren distintas intensidades y tienen en cuenta necesariamente la cosmovisión que, con fundamento en la ley de origen, impactan de forma grave y profunda a los Pueblos Indígenas: la agresión a una mujer, se transforma en una afectación directa para la totalidad del pueblo al que pertenece.

A pesar de lo anterior, las mujeres indígenas hemos seguido luchando, generando estrategias de resistencias, consolidando nuestros argumentos, hablando, tejiendo y construyendo desde el único lenguaje que entendemos como parte de nuestras entrañas: la paz. Nuestros aportes al movimiento indígena en Colombia y en Nuestra América han sido determinantes para fortalecer procesos organizativos fundamentados en la autonomía, el respeto a nuestros territorios, la unidad de los pueblos, la consolidación de nuestras culturas y en el reconocimiento de nuestros derechos ancestrales.

Sin lugar a dudas este no ha sido un ejercicio sencillo; plagado de resistencias y oposiciones, las luchas de las mujeres indígenas se ven abocadas históricamente a la duplicidad de esfuerzos para generar impactos que han redundado en la cesación de las vulneraciones de nuestros derechos individuales y colectivos. Nuestras acciones en lo privado y en lo público han buscado y buscan consolidar nuestra voz, nuestras voces, evidenciando que en la polifonía se han consolidado nuestras posturas colectivas.

Hoy nosotras, mujeres indígenas, queremos reconocernos como parte actuante e indispensable en la consecución de libertades y derechos para todas, para todos, para nuestros pueblos. De la misma forma que a Bartolina Sisa, muchas mujeres indígenas han sido silenciadas, sin embargo no han podido ni podrán acallar nuestro ser en tanto dadoras de amor, de resistencias; la semilla que sembramos al parir pervive más allá de nosotras mismas, más allá del hoy, se transforma en historia, en sujetos con la potencia de cambiar el mundo, en sabiduría, en buen vivir, en la consolidación de garantías colectivas, se transforma en el legado de la Madre Tierra, porque nosotras somos una proyección de ella; se transforma, en ultimas, en vida.



Licencia del artículo: Creative Commons - Titular de la Licencia de artículo: ONIC

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