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sábado, 26 de enero de 2013

Invisibles, ¿una vez más?


Por: Florence Thomas

Tengo una duda estructural sobre las buenas noticias que vienen con la euforia de la paz: no hay mujeres en la mesa de negociación. Y no se trata de un simple detalle, como pudieran pensar quienes no se han dado cuenta de que el oscurantismo de siglos precedentes ya no tiene lugar hoy. Por ello, muchas voces se han levantado en diversos lugares para expresar su extrañeza ante una mesa de negociación conformada, en pleno siglo XXI, exclusivamente por varones.

No obstante, quiero mencionar que, en general, las mujeres sentimos una profunda emoción con la determinación de nuestro Presidente para encaminar al país en la ruta de la paz y en este sentido apoyamos su decisión de poner fin a más de 50 años de guerra en nuestro territorio. Una guerra cuyos estragos han afectado de modo diferencial a la población y particularmente a las mujeres colombianas. Porque si bien en las guerras, todos y todas, hombres y mujeres, perdemos, hoy sabemos que no perdemos del mismo modo. Es que nuestros cuerpos y nuestras vidas están marcados por la cultura de manera incomparable. Habitamos el mundo desde otra mirada y nuestra invisibilidad aún se repite en la práctica.

El día del lanzamiento de la Política Nacional de Equidad de Género, el Presidente reconoció en su discurso este hecho y afirmó: "Las mujeres tendrán un rol protagónico en el proceso de paz". Sin embargo, ninguna mujer está presente en este primer grupo de cinco negociadores nombrados por el Gobierno Nacional. Y son muchas las que hubieran podido ser consideradas para hacer parte de esta mesa y aportar lo que han aprendido en estos interminables años de guerra.

Puede que sea tarde para enmendar este hecho, pero quisiera nombrar a algunas de ellas que he tenido la oportunidad de conocer en estos 45 años de colombianeidad mía: todas mujeres que he admirado por su valor y su constante trabajo ante los estragos del conflicto armado; todas mujeres que no han dudado un minuto para hacer oír sus voces o hacer conocer sus trabajos en pro de una posible paz.

Y si esta columna no sirve de nada, quiero decir, si no sirve para que nuestras voces estén presentes en este primer grupo de negociadores, que se convierta por lo menos en un pequeño homenaje a mujeres que hubieran merecido estar a la par con cualquiera de estos hombres escogidos por el Presidente.

Sin orden ninguno, nombraré algunas de ellas: Patricia Buriticá, Ana Teresa Bernal, María Eugenia Vásquez, María Emma Mejía, María Emma Wills, Magdala Velásquez, Piedad Córdoba, Martha Nubia Bello, Eulalia Yagarí, Cecilia López, Viviane Morales, alguna mujer de la Ruta Pacífica, o de la Iniciativa de Mujeres por la Paz, o de las que han trabajado sin descanso en la Mesa de Mujeres y Conflicto Armado, o, por qué no, mujeres excombatientes, mujeres reinsertadas que tienen tanto para enseñarnos en relación con la guerra. Y faltan muchas en esta muy corta lista.

Este país está lleno de mujeres que saben de paz porque han sido, muchas de ellas, hechiceras de una cotidianidad que no podía estancarse en medio de las peores condiciones bélicas, hechiceras y constructoras de herramientas de contrapoder que han tenido que aprender para sobrevivir en este mundo patriarcal que sigue negando una humanidad sexuada y se rehúsa a ver el mundo completo.

Ya sabemos que la democracia sin las mujeres no va; en consecuencia, es ya un deber ineludible demostrar que las ciudadanas tienen hoy un lugar visible en el proceso de paz que todos y todas anhelamos.

* Coordinadora del Grupo Mujer y Sociedad

Tomado de: http://www.eltiempo.com/archivo/documento/CMS-12253042

Imagen tomada de: http://www.quieroturespeto.com/   

Licencia del artículo: Copyright - Titular de la Licencia de artículo: ELTIEMPO.COM

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